Por Ignacio de Cossío

ARTÍCULO

LOS TOROS (1ª, 2ª Y 3ª parte)

10-10-2001

Sin duda para los extranjeros, la afición a las fiestas de toros es rasgo distintivo del hombre español, y de él se ha pretendido en muchas ocasiones deducir caracteres psicológicos, o exagerar su influencia en nuestras costumbres. No es mi intención medir y sopesar lo que la fiesta taurina tiene de exponente de nuestro carácter o sensibilidad, o lo que puede tener de defensa o reacción contra impulsos comunes a todos los pueblos, sino intentar la prueba de que la pasión de los españoles por los toros responde a móviles nobles, y en tal sentido explicarla y justificarla.
El hecho de la presencia de la fiesta como descollante en el área de nuestras diversiones públicas es innegable, y creo que han pasado los tiempos en que sectores importantes y selectos trataban el suprimirla, denostándola, como avergonzados de su existencia. La fiesta de toros, por su tradición, por su belleza y por su corresponder a un estilo de cultura privativo de estas tierras occidentales del sur de Europa, y no sólo españolas, no tiene por qué abochornarnos, y sin desconocer que hay en ello aspectos censurables y rudos, otros dignísimos nos obligan a hacerles resaltar, justificando así lo explicable, lícito y hasta obligado de tal afición.
En el ataque más violento y peligroso para su subsistencia que padeció la fiesta de toros en el siglo XVIII, tanto que llegó a provocar su supresión, argumentaba don Gaspar Melchor de Jovellanos, para probar que la fiesta de los toros no podía llamarse con título justo "fiesta nacional". "Esta diversión-decía el gran polígrafo asturiano en caita al sectario antitaurino don José Vargas Ponce-no puede llamarse nacional, puesto que la disfruta solamente una pequeñísima parte de la nación... El reino de Galicia, el de León y las dos Asturias, que componen una buena quinta parte de nuestra población, desconocen enteramente las corridas de toros. En otras provincias han sido siempre raras y, tenidas solamente en ocasiones extraordinarias y largos periodos.
Aun en Andalucía, si se exceptúa Cádiz, son pocas ciudades las que las han disfrutado una, dos y, a lo más, cuatro veces al año, y en éstas el pueblo de la capital y el de su comarca, quedando la mayor porción del pueblo de las provincias sin gozarla ni conocerla. ¿Podría llamarse diversión nacional la que disfrutan solamente con frecuencia Madrid y Cádiz?"
Don José Vargas Ponce, destinatario de esta carta, recoge estos argumentos y trata de ampliarles. Naturalmente que ese dictado de nacional no sería impropio porque disfrutaran de la fiesta así calificada escaso número de españoles, pues está claro que atiende a designar algo típico y privativo. Pero aun aceptando el criterio de estos censores, no podría admitirse la conclusión. La razón principal de ello es que ambos censores se desentendían de las fiestas populares, que corresponden plenamente al ciclo de esta afición. Jovellanos se dio perfecta cuenta de estas dificultad, y rompió su nudo, sin desenredarle, con estas palabras: "Si no se habla de capeas, novilladas, herraderos, enmaromados, etc., que en rigor no pertenecen a la cuestión, quedará reducida esta manía a una pequeñita y casi imperceptible parte de nuestro pueblo." Pero es el caso que ni entonces, y entonces acaso mucho menos que ahora, podía ser lícito prescindir de estos espectáculos esencialmente taurinos, y que vienen a ser como la solera o el germen de las fiestas de toros, tal como se celebran en plazas importantes a ellas destinadas.
Exageraban asimismo en la falta de afición de muchas regiones españolas, aun con las limitaciones que señalaban. Poseemos estadísticas de su tiempo, de lo que toreaba un diestro famoso, que no comprueban , ciertamente, las apreciaciones de estos interesados antitaurinos. Pedro Romero, el gran matador de Ronda, el año 1776; es decir, el primero de sus grandes triunfos en la plaza de Madrid, compitiendo con "Costillares", torea, sin acudir a una sola plaza andaluza o norteña, en Aranjuez, El Molar, Salamanca, Almagro, Zamora, Navalcarnero, Méntrida, Villa del
Prado, Valdeiglesias, Valdepeñas, Guadalajara, Escorial y no menos de dieciséis corridas en Madrid; es decir, en las provincias de Castilla la Nueva, como se decía antaño a la hoy Castilla La Mancha, y fuera de sus capitales , y en dos plazas importantes del reino de León (Salamanca y Zamora), que afirmaban estar inmunes a la afición taurina. Y esto un solo matador, con las dificultades para viajes rápidos y desenfrenados desplazamientos, y seguramente con exigencias pecuniarias que dificultarían sus actuaciones en plazas más modestas que hubieran deseado presencial" sus actuaciones.
Las circunstancias han cambiado mucho desde tales tiempos, y hoy hasta en las regiones que Jovellanos señalaba como ausentes de la afición torera se celebran corridas, y en alguna, como Asturias, con más asistencia, afición y entusiasmo que en otras en las que la fiesta tiene más larga tradición. La posición jovellanista acaso pudiera sostenerse enfocándola de otra manera. Las corridas de toros, tal como entendía Jovellanos que había de tenerse en consideración el espectáculo; es decir, las corridas de toros con todo su esplendor de toreros caros, ganaderías de nombre y plazas de importancia, no son hoy propiamente populares. No lo son por el precio desmesurado de las localidades, inaccesible no ya para el pueblo, sino hasta para la clase media modesta. El vender o empeñar una prenda que, bien como mesura, o bien como elogio de la afición taurina, viene invocándose desde el siglo XVIII, es hoy notoriamente insuficiente para poder satisfacer el gasto de la asistencia a los toros. Más de una vez nos hemos lamentado los aficionados del peligro que entraña para la fiesta la ausencia del público más popular, que es el que verdaderamente la siente, como en capeas pueblerinas y fiestas económicas puede comprobarse. Los toros deben tener una raíz popular entrañada en los estratos más primitivos del pueblo, que la comunique lo que de espontáneo, de rudo acaso, de majeza y de interés pintoresco tiene. La decadencia de la suerte de matar, tan patente como lamentada, proviene con toda seguridad de la ausencia del elemento más popular de las plazas. Este nunca hubiera consentido ver escamoteado el momento más trascendental y de mayor riesgo de la fiesta.
Pero ni el argumento jovellanista ni los que se pudieran sustraer de esta observación actual arguyen contra la afición general del pueblo español o, si se prefiere, de los españoles, apasionadamente sentido, a las fiestas taurinas. Son enfoques mal dirigidos y argumentos mal planteados, y que no afectan al hecho incontestable de nuestra afición a los toros. Puede tenerse afición a muchas cosas que, o nos son inasequibles, o son difícilmente disfrutables. Los ejemplos pueden acudir a la memoria de cualquiera, desde los más nobles y elevados, como determinados gustos, v.g., por la pintura primitiva italiana, que en España, por su escasez, es difícil gozar, hasta los más vulgares y comentes, como la afición de muchachas modestísimas a la vida y fiesta de la alta sociedad, que satisfacen con la lectura de las reseñas de fastos sociales aristocráticos, a que nunca han de asistir. Porque el toreo consigue en sus aficionados que los haya de oídas, como se enamoró Don Quijote de Dulcinea.

LOS TOROS (2ª parte)

Si alguna duda hubiera de esta afición, sólo el considerar la permanencia tradicional de un espectáculo costoso y arriesgado, no a través de pocos siglos, sino ya milenario, debería convencer de lo contrario, en efecto: sin abrumar esta divagación con citas históricas, que podrían hacerla interminable, y sin recurrir a oscuros tiempos en que espectáculos con el nuestro relacionados ocupaban los ocios de remotas gentes, ya en los siglos XII y XIII existen testimonios escritos de la celebración de las fiestas con "correr toros", y referidos a tiempos muy anteriores. Cierto que no sabemos como se hacían y transcurría, pero en ellas el toro era indudablemente, la primera materia, y el burlarle los hombres ese "correr los toros" en que consiste su salsa y su chiste.
Es más: este "correr los toros" debía de tener gran semejanza y en casos identidad con las fiestas populares de capeas que en la actualidad se celebran, en las que también se corren toros, y en algunas con ritos y maneras que derrotan vetustísima antigüedad. Asimismo, las fiestas ya organizadas con caballeros en plaza, que conocemos mejor, si han cedido el paso al toreo de a pie, todavía en casos rejoneadores y corridas cortesanas, han continuado su tradición; pero todas estas manifestaciones del burlar los toros a pie y a caballo, en plazas de pueblos o en fiestas de Corte, han venido a fundirse felizmente en el molde de las corridas actuales, cuya antigüedad en su actual organización no remonta más que a los mediados del siglo XVIII, y desde entonces han sido tan fieles a la tradición que, al decir de un ingenioso hombre de letras y aficionado a los toros, "K-Hito", en dos siglos apenas se ha conseguido otra variación que el rebajar unos centímetros la altura de los machos de las monteras de los lidiadores.
Fiestas cortesanas, corridas de toros, novilladas, capeas, sin contar todo género de festivales en plazas de toros y de tentaderos y herraderos en el campo, vienen a servir esa afición de los españoles. Pero si con ello se prueba su universalidad, su extensión a todas las clases sociales y a las gentes de toda condición y domicilio, hay un hecho profundamente significativo en la historia del toreo que prueba su extensión a todas las regiones, y la participación que en su desarrollo y evolución han tenido las más características de nuestro mapa español.
El toreo a caballo debió tener su origen en Andalucía, y debe estar complicado con el trato y cuidados del toro en el campo, para los que eran imprescindibles ardides, suertes y hasta instrumentos que la necesidad hacía necesarios en la dehesa, y la bizarría y el alarde habían de hacer pasar a las plazas de toros. Pero el origen del toreo a pie es norteño, pirenaico, acaso impuesto también por las costumbres del pastoreo que en Navarra y en todas aquellas montañosas regiones, sin excluir el Pirineo francés, se practicaban, y aún se practican, a pie. El encierro de los toros en Sevilla, antes de la costumbre de encajonarlos en Tablada para su conducción a la plaza, se hacía de noche y entre caballos; en cambio, el encierro en Pamplona se hace a pie y a la carrera. Es curioso que en las regiones centrales de España también se verifica en los pueblos el encierro, y en él participan jinetes y pedestres; como si sus costumbres estuvieran influidas por vientos del Norte y del Sur simultáneamente. En tales encieiros actúan no sólo los vaqueros, que podemos llamar profesionales, sino muchos ocasionales auxiliares y aficionados que ayudan (y en muchos casos estorban) para la operación.
Si; el origen del toreo a pie es norteño, y sus recursos principales, como aún puede verse en las Landas francesas, eran la carrera, los saltos, los quiebros y recortes; es decir, toda suerte de habilidades de orden gimnástico, de exhibición de destreza física y de fuerza y resistencia. El pueblo gustaba, sin duda, del espectáculo así entendido, y de Rioja, de Navarra y hasta de las Vascongadas eran los primitivos toreros de a pie que iban a torear a Castilla, y llegaban en sus incursiones hasta Madrid y más abajo. En el siglo XVI y en el XVII, toreros del norte de España
acuden a la Corte a las fiestas de Santa Ana, que organizaba el Ayuntamiento. Son los "elásticos vascos" de que nos hablara Rubén Darío, de los que no se ha perdido aún la presencia en el elenco de matadores de toros, y con características semejantes a las notadas: del Norte han salido los matadores especializados en esta suerte de decisión y agilidad. Y de la afición apasionada de estos hombres del norte de España han quedado, y son patentes aún hoy mismo, testimonios, de los que por pintoresco y expresivo quiere narrar un caso. Lo haré con las mismas palabras empleadas por el famoso picador José Daza, correspondiente a la primera mitad del siglo XVIII, que nos da cuenta de él. Se trata de don Babil Locén, presbítero y destrísimo en el arte del toreo. Cuenta Daza: "Estando sentado en su andamio a ver una corrida, cercano, había pillado el toro a un torero; avanzóse a la plaza a quitárselo de encima, y apurando suertes estropeó al toro. Súpolo el prelado, e hízolo venir a su presencia y lo reprendió muy a lo serio, y satisfizo que había juzgado en aquel pronto, que le obligaba su estado a dar socorro espiritual a aquel afligido que iba a dar cuenta a Dios. Con cuyo bien o mal aparentado motivo, le tuvo para desahogar su arrogante pasión y conseguir la dispensa del prelado que quizá sería otro tal que él." He ahí un ejemplo típico de la indominable afición de un clérigo navarro en el momento en que el toreo a pie comenzaba a invadir los circos españoles.
No he podido señalar el límite geográfico de esta invasión, si bien calculo que debía bajar poco de Madrid, y no pasar, desde luego, de los límites de Castilla la Nueva. Pero en la colisión de las dos especies de toreo iba ganando terreno el toreo de a pie, y ya en el siglo XVIII, entre la aversión de los Borbones a la fiesta, que alejó de su participación en ella a la nobleza, y un cambio de moda en la monta, que relegó la española jineta (la más apta para el rejoneo), triunfó definitivamente el toreo de a pie, y los mismos andaluces le adoptan y le prestan un estilo nuevo y privativo, "Costillares", sevillano, logra, poco después de mediado el siglo, que la Maestranza sevillana adorne los trajes de los toreros de a pie con el galón de plata que venía siendo privativo de los picadores, como muestra de la mayor jerarquía que a esta manera de torear se concedía en Andalucía.


LOS TOROS (3ª parte)

Lo andaluz, Andalucía, es el más eficaz disolvente de cualquier carácter o estilo que con ella se ponga en contacto. Al pasar por Sevilla, hasta el fútbol adquiere personalidad nueva. Yo he visto irrumpir en el campo a un masajista andaluz para auxiliar a un lesionado, y aseguro que corría por bulerías. Si en el Norte era lo gimnástico, lo movido y ágil, característico del burlar los toros, en Andalucía será lo quieto, lo hierático y solemne lo que habrá de caracterizarle. Lo andaluz, que es lo más animado, jovial y garboso en la vida, es lo más ritual, grave y expresivamente lento en la danza y el juego. Las danzas del Norte, jotas, seguidillas y todo residuo de danzas guerreras o rituales, son movidas, alborotadas, un tanto gimnásticas, en tanto el comportamiento en la vida es serio y solemne.
En Andalucía, la danza es más lenta y hierática; más bien busca la expresión en la elocuencia de los brazos que en lo ágil y rápido del movimiento de los pies. El zapateado y sus congéneres son contaminaciones gitanas, y los gitanos son de todo el mundo. Pues bien; en el toreo se produce este mismo fenómeno, y donde el navarro corría, el andaluz se estaba quieto, y donde el recorte y el salto burlaban al toro, en el andaluz ha de hacer este oficio el solemne jugar de los brazos con el engaño, como en la danza, en tanto permanece inconmovible la planta. Aún conservan los nombres de su origen la "navarra", suerte de girar rápidamente ante la cara del toro, o la "aragonesa", manera de sortearle movidamente de espaldas. En cambio, la "verónica", netamente andaluza, es suerte de permanecer inmóvil en tanto los brazos marcan la salida de la res.
Y he aquí que nos encontramos en el centro de la fiesta, a la que no sólo la afición de todos los españoles, sino el estilo de todas las regiones de su ámbito geográfico, han contribuido a erigirla y perpetuarla. Porque en la fiesta actual cada suerte tiene su personalidad regional, y se inclina al Norte o el Sur, y se equilibran las del Sur y las del Norte hasta constituir la armonía, ni lenta ni agitada, del toreo actual.
Sin duda, el toro ejerce una sugestión sobre los españoles difícil de explicar. Esos gritos que las mujeres dan histéricamente en los pueblos, desde los tablados, cuando ven salir al toro de la capea, deben ser revelaciones de una antigua relación con el toro, pareja de la urgencia incontenible de tantos mozos de medirse con él y provocarle y burlarle, y hasta de atormentarle y darle muerte. No, no es tan sólo el afán de gloria y de dinero lo que a tantos jóvenes españoles lanza a probarse con los toros. Ingloriosos y gratuitos son los riesgos de las capeas pueblerinas, y a ellos se lanzan los hombres como si fueran a ganar millones, y pagan un tributo de sangre a la fiesta muy superior al que rinden los toreros profesionales. Y ello no por falta de destreza o ignorancia de los medios técnicos defensivos, que está compensada con la ausencia de obligaciones artísticas, sino por la muchedumbre de participantes, que tan sólo por un humor racial invencible quieren medirse con el toro, y tienen una satisfacción al parecer inefable, y desde luego inexplicable y absurda para un desconocedor de nuestras costumbres, en haber burlado al toro y esquivado el riesgo mortal de la suerte.
Una verdadera fiebre produce la presencia del toro para estos mozos votados a su lidia, y ello es el móvil más eficaz para entregarse a la amesgada profesión, mucho más que el interés de la popularidad o el dinero, que ha de venir más tarde. Siguiendo el curso de la vocación del torero y su desarrollo, es preciso hacer constar que esos ingredientes, con más el tiempo, mitigan esa fiebre, y el torero acaba, en la mayor paite de los casos, por moverse en su profesión como un burócrata en su oficina, colmado de cálculos y reservas. Hace falta la vocación resuelta de un "Frascuelo" o un Joselito, o la dignidad profesional de un Belmonte o un "Manolete", para perseverar hasta el fin con el mismo fervor que al comenzar.
Recientemente, visitaba yo a un torero herido en la plaza de Madrid. Asistía a la visita un muchacho a quien yo no conocía, pero que el matador se apresuró a presentarme. Se trataba de un novillero, ya con cierto cartel.
- Aquí donde usted le tiene -me dijo el espada herido-, da todas las tardes el quiebro de rodillas.
El novillero, dudoso del tono y la intención con que había sonado aquella apreciación, argüyó, como tanteando: Tú también lo dabas.
- Naturalmente; cuando no tenia dinero -contestó el espada.
Esta anécdota refleja bastante aproximadamente el estado psicológico del matador después de varios años de brega y alternativa.
La afición activa, la que hace toreros y no repara en riesgos, entiendo que, normalmente, dura pocos años; pero para lanzar a un muchacho al camino de la lidia es imprescindible y tiene su raíz en esa urgencia de torear a que vengo refiriéndome. "Lo que yo necesito es torear", es la frase con que acosan los principiantes a quienes piden favor y ayuda, y yo la he oído cientos de veces. Pero se trata de torear como de una necesidad y urgencia, que para nada se relaciona en aquel momento ni con el aprendizaje ni con la esperanza de fortuna.
En cambio, la afición que llamaré, y es, pasiva, la del aficionado a la fiesta, que es la general en las costumbres españolas, no depende de la edad, y se da con el mismo interés y la misma intensidad en todas. Como cuando se arroja una piedra en un estanque se forman en el haz del agua círculos concéntricos de menor intensidad a medida que se alejan del punto en que cayó la piedra, pero ni una gota del agua allí recogida deja de moverse, así ante la aparición de un gran torero, o ante una faena memorable, o ante una desgracia mortal del ruedo, toda la sociedad española se alegra o se conmueve, y a todos llega el reflujo del acontecimiento. Ni para calibrarle, ni menos para interpretarle o discernir su carácter, basta la comparación de lo que sucede con ciertos deportes en otros países. Si acaso, aunque no lo sé bien, cabría un paralelo con los ingleses y sus carreras de caballos para explicarse el fenómeno; pero si cabe, será porque también responden a algo tradicional, consustancial con el carácter y la historia del gran pueblo. ¿Acaso cada español será un torero fracasado, que por no haber actuado nunca ante verdaderos toros no ha tenido ocasión de desilusionarse, como los profesionales?
No hace falta acudir a esta explicación para obtenerlas suficientes del sentido y significación de la pasión española por los toros. Al torero triunfante, despertador de entusiasmos ilimitados, se le llama ídolo, y lo es hiperbólicamente para los aficionados que sufren la proximidad de la caída de la piedra de mi comparación más vivamente. Pero para todos tiene un aire de simpatía y atractivo, graduado según lo más intenso, o menos, del interés por la fiesta y de la intimidad con sus componentes, pero no llega a la indiferencia para ninguno.
El torero es un hombre colocado, por propia voluntad, en el vértice del riesgo cada tarde que torea. Su salida indemne de la plaza es, hasta para los que a ella no han asistido, como el regreso de una gran aventura, en la que juega auténticamente la muerte y ello da a la fiesta una jerarquía que la hace rebasar los términos de un deporte para inscribirla en los de un culto sangriento en el que el sacrificio humano puede sobrevenir, y periódicamente sobreviene, en aras de un entusiasmo colectivo. No se podría decir de los toros lo que aquel embajador ante Felipe IV, no sé si moro o turco, dijo de los torneos, que para veras le parecían poco, y para simulacro y juego, demasiado. En el toreo todo son veras, aunque lo sean con fin inútil y de juego. Ese presentimiento de la muerte al acecho, deben sentirle en los toros hasta los más alejados del conocimiento técnico de sus reglas. El lidiador, al acabar la fiesta, regresa de una aventura que miles de espectadores han presenciado desde seguro y que han de elogiar y propagar; pero en esta aventura no es lo más haber salido indemne de los riesgos, sino haberlos vencido elegantemente. El gladiador del circo, cuyas historias oímos y leímos, tenia a gloria morir con dignidad, pero no sé si se le exigiría esa misma dignidad y elegancia para librarse de la muerte en el combate. Y en los toros es precisamente en el momento del máximo riesgo cuando se exige con mayor imperio no abandonar la dignidad de la acción ni el decoro y prestancia de la figura. Morir con elegancia es como el testamento de una vida de la que se pretende legar una memoria digna. El afrontar con elegancia el riesgo, y riesgo de muerte, es altísima lección que
el torero prodiga incansablemente. El público, mucha parte del público, acaso no sepa formularse lo ejemplar de esta conducta, pero instintivamente siente que en aquel riesgo y en aquel arte con que se esquiva hay algo secreto, algún misterio, un esoterismo indescifrable que le arrastra y le hace discernir el valer de faenas y suertes.
De una aventura que tiene tan arduos pasos, y tan difíciles trances sale el lidiador cuando sale de la plaza. Y ello lo siente todo el que tropieza con él u oye su nombre, aunque sea distraídamente, en una conversación, o más atentamente sabe de sus faenas. No es mucho que prenda en el diestro para el que así, a sabiendas o sin saberlo, le contempla, una aureola de simpatía como la que prendemos del viajero que llega de lejanas y peligrosas tierras. Yo recuerdo que en mis lecturas infantiles de Julio Veme o de cualquier autor de novelas de aventuras, cuando aparecía un personaje que corría los riesgos con serenidad, arrastraba nuestra simpatía. Y si era un inglés, que a la serenidad le daba ese carácter que llamamos flema, que las historias de aventuras hacen privativa de los ingleses, a la simpatía se aliaba una irresistible voluntad de admiración. Salvar los riesgos con elegancia; esperar rodilla en tierra sin pestañear la llegada de la fiera sobre la que se ha de disparar en el momento preciso el rifle; ascender en un globo sin dirección para hacer un largo recorrido; descender al fondo del mar en un rudimentario submarino, sin que tiemble la voz al dar las órdenes; planear una fuga con la serenidad y la tranquilidad de quien resuelve un problema matemático; encender un cigarrillo sin que el pulso tiemble ante el pelotón de ejecución, y mil casos semejantes, eran muestras de una elegancia espiritual que nos arrastraba y que oscurecía el supuesto de valor de que eran realce y exaltación.
Esta alta calidad del toreo participa de un género de belleza, no sé si consignada en tratados de estética, al que puede aplicarse a boca llena el nombre de belleza moral. Ante ella queda oscurecida la de los aspectos brillantes de la fiesta taurina, que son tantas voces el imán que atrae a ella a los extranjeros y a las mujeres. Sí; sin duda es una fiesta para los ojos el brillo de los trajes del torero heridos por el sol, y el agitarse de la multitud en el anillo prieto del tendido, como multicolor y brillante carrusel, y el instinto oscuro del toro encerrado en las formas bellas y musculadas de una fiera, y la arena dividida en su tono no menos que por el sol, que así se presta voluntario para el servicio de la plaza; y dentro de este conjunto abigarrado, disecar el detalle lindo del rostro, o el abanico, o el susto, o la alegría, o el entusiasmo; y no es ingrato incorporar a este conjunto visual el estallido de la ovación o el estrépito de la bronca, y el rumor constante e incontenible de la muchedumbre, más notorio cuando ante el riesgo inminente se calla y parece que la suerte va a ejecutarse en el vacío.
Pero el mal humor español, hasta en esta belleza del espectáculo ha vacilado y puesto sus reparos, y la ha combatido mezquinamente desde afuera, que es como únicamente puede sustraerse el ánimo a la sugestión de la fiesta. Así alegaba el trinitario fray Manuel de Guerra y Rivera, teólogo de pleno siglo XVII, con elocuencia y con injusticia: "No sé qué tiene este llamado regocijo que pueda tenerse por divertimiento. En él padece el entendimiento porque no tiene ocupación el discurso. Ya que entra aquí el entendimiento muerto, los sentidos más pudieran ofenderse que defenderse. Los oídos escuchan tan desatentados clamores, que era barato por no oírlos, irse a un desierto. La boca vive ociosa, sin tener con qué divertir la molestia de sus sentidos compañeros. Los ojos miran sangre y peligro". Y más adelante ha de reiterar, con más nerviosa elocuencia: Todos los sentidos se molestan; "los ojos, con el susto; los oídos, con el estruendo; las manos, con el gasto; la boca, con el apetito, y el entendimiento, sin objeto, muerto. Pues ¿qué hechizo tendrá este loco empleo que prevalece contra el entendimiento y sentidos?". Aun suponiendo que el padre Guerra tuviera razón en sus falsas premisas ya contradichas más arriba, ese interrogante con que cierra su catilinaria debiera haberle hecho pensar que hay más mar de fondo en la fiesta taurina del que pretende descubrir una superficial observación como la que el padre ha dedicado a su censura. Las gentes no asisten a la plaza para atormentarse. El afán presumido que llamamos "snobismo" puede prender individualmente en este o el otro espectador, pero siempre singularmente, nunca en una multitud que reiteradamente asiste y se renueva como espectadora en la plaza. Tiene indudable belleza externa el espectáculo, y aun le queda esa belleza más sugestiva de su significación, que, sin duda, el español intuye cuando no llega a definirla, y que ata su interés a la fiesta, fuera y dentro de la plaza.
Todas las razones que pueden explorarse en la afición taurina tienen, pues, una raíz noble y digna. Empequeñece la fiesta quien cree que sólo una apetencia de peligro ajeno o una crueldad que sólo allí puede tener cauce confesable, arrastra a las muchedumbres a las plazas e impiden el área de conversación de los españoles con comentarios taurinos. Cierto que el espectáculo es cruel y que pueden morir, y mueren, los toreros en el circo; que puede haber sangre, y la hay a veces, incluso humana, en la fiesta. Sin estas condiciones, el torero, en tal de un rito, sería una pantomima, y no tendría las razones que tiene para el entusiasmo y la pasión. Pero las gentes no van a las plazas a ver cómo el toro coge al torero, sino a ver cómo no le coge; no va a ver derramar sangre humana, sino a ver cómo la destreza y la inteligencia y el valor impiden que se derrame. "Del desastre de "Pepe Hillo" en la corrida de mayo de 1801, y de algún otro que suceda, se infiere que un lidiador puede morir -decía Capmany. Y con palabras que he hecho mías, continuaba-: Pero el público no va a verle morir, sino a ver cómo no muere. A esto había ido por espacio de veinticinco años y lo había logrado; pero su ciega y tenaz vanidad, hallándose enfermo y estropeado, quiso darnos a todos una mala tarde. A lo mismo había concurrido otros tantos años; esto es, a ver cómo no moría el insigne Pedro Romero, y a todos supo dar esta satisfacción, tomándose él mismo los inválidos antes que lo fuesen sus miembros, para morir en su cama y en su casa".
He divagado, un poco sin método, en tomo a la significación de los toros y el sentido de la afición de los españoles a ella. No conviene exagerar, aunque escritores españoles y aun más extranjeros lo hayan hecho, la importancia y el volumen de su influencia y de nuestra preocupación por ella. Es inevitable que el que vive a su lado (y no hablemos de tantos que viven de ella) la tengan por preocupación preponderante y acaso única. Pero la simpatía y la pasión en su momento con que la consideran los españoles, ni es de todas las horas, ni es lo absorbente que pueden hacer suponer tales apreciaciones. Lo perdurable y visible de su huella se debe a lo intenso de la impresión que produce; pero el español trabaja, escribe, piensa, goza, sufre, contempla, reza, llora, vive y se muere como los hombres en los demás países, y además se apasiona con los toros.
Sin jactancia, pero sin humillación, debemos decir que nuestros hombres, a más de hacer la vida que normalmente se hace en los demás países, mejor dotados para ciertas actividades y menos provistos de cualidades para otras, disponen de un espectáculo que ha sufrido un ataque de toda la sensiblería universal, sin que hayan apenas puesto defensa a su dignidad y a su belleza. Hora es ya de proclamar que en él a pleno sol, la emoción del pueblo pendiente de sus gallardos lances, y la muerte real y verdaderamente asistiendo a su transcurrir, funde en un grito y en un desahogo de tradición milenaria las mejores energías que hicieron nuestra historia como es, y que Dios quiera que siga haciéndose con el mismo sentido desinteresado, espiritual y heroico.

 


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+Diciembre
02-12-2011. Diego Valor, el seise de Sevilla

+Octubre
26-10-2011. Sevilla, la temporada del indulto
14-10-2011. Dios te salve Padilla

+Septiembre
30-09-2011. De La Merced a San Miguel
15-09-2011. Compañeros del alma

+Mayo
22-05-2011. Entre la izquierda y la derecha
09-05-2011. Arrojado, Laborioso, Playero y Zancajoso en el Olympo de los Dioses

+Abril
17-04-2011. Manifiesto en defensa de la Fiesta
16-04-2011. ¡Sevilla, ha llegado!

+Marzo
04-03-2011. Pepín: entre la gracia y el poder

+Febrero
21-02-2011. Rafael Moneo, arquitecto del toreo


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2010

+Diciembre
22-12-2010. Manzanares, el toreo sublime
11-12-2010. Menos misterio y más torería Sr. Sicilia

+Noviembre
17-11-2010. Hasta siempre Feria Mundial del Toro

+Octubre
20-10-2010. El Dietario Taurino
08-10-2010. Mora dueño y señor del Otoño

+Julio
28-07-2010. Aficionados levantaos
02-07-2010. Guajiro

+Abril
21-04-2010. ...Te vás para no volver
20-04-2010. Nadie conoce a nadie
19-04-2010. Viajes Cayetano
18-04-2010. Lo siento señor Teja , pero hoy yo vengo a triunfar
13-04-2010. Oliva Soto: atardecer en la Maestranza

+Marzo
24-03-2010. Los carteles de Sevilla, uno a uno por Cossío
16-03-2010. Barcelona excomulga el toreo


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2009

+Diciembre
31-12-2009. Amorós o la crónica taurina

+Noviembre
13-11-2009. Chamaco: un estoque mirando al cielo
06-11-2009. Sevilla, la temporada más económica

+Octubre
29-10-2009. La inmortalidad para los Hermanos Peralta

+Julio
09-07-2009. El mito de Curro Romero

+Junio
06-06-2009. Con la lección bien aprendida

+Mayo
27-05-2009. Lucky Luke
22-05-2009. El Pasmo de la Puebla

+Abril
27-04-2009. Los carteles de la Feria de Abril según Cossío
13-04-2009. Coplas y toros, pregón de Herrera

+Marzo
27-03-2009. Domingo Delgado, un aficionado de pura sangre
10-03-2009. La noria del toreo
09-03-2009. Toros en el norte. Toros en el Sur

+Febrero
23-02-2009. Cuatro tauromaquias del mundo
15-02-2009. ¿Los toros nos alejaron de la II Guerra Mundial?

+Enero
31-01-2009. Chicuelo: la verdad de Sevilla


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2008

+Diciembre
17-12-2008. Sevilla son sus pueblos

+Noviembre
27-11-2008. La economía y la ecología en los toros

+Octubre
21-10-2008. La temporada que se llevó el agua
12-10-2008. Manolo, 25 años despidiéndote
05-10-2008. La catedral del mar

+Agosto
17-08-2008. Antonio Ordóñez, el milagro del toreo

+Mayo
21-05-2008. La historia del Corpus en la Maestranza

+Abril
14-04-2008. Más toros y menos jamón
09-04-2008. Juan Luis Malpartida, el guardián del paraiso
08-04-2008. Daniel Luque, nace una figura del toreo

+Marzo
28-03-2008. Talavante, naturales de Puerta del Príncipe
17-03-2008. Cossio y el Mundo Taurino

+Febrero
16-02-2008. Jesulín o la seducción del toreo
11-02-2008. Cuatro tauromaquias del mundo
01-02-2008. Feria de Sevilla 2008, toda una montaña rusa de emociones


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2007

+Diciembre
15-12-2007. La Feria de Abril y su prensa taurina

+Octubre
31-10-2007. Sevilla 2007, sencillamente inolvidable

+Septiembre
26-09-2007. José María de Cossío, señor de Tudanca

+Marzo
22-03-2007. Pronóstico de la Feria de Abril de Sevilla 2007

+Febrero
05-02-2007. Ángel Luis Bienvenida en la Gloria
03-02-2007. Enrique Ponce, corazón de Sevilla

+Enero
18-01-2007. Pana, el hijo pródigo del toreo


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2006

+Octubre
18-10-2006. Unidad frente a todo y frente a todos

+Julio
03-07-2006. La Goyesca de Ronda

+Mayo
12-05-2006. La Tauromaquia de Goya
01-05-2006. No hay toro malo (Resumen Feria Abril 2006)

+Abril
19-04-2006. Desde el Tendido 4 (Pronóstico Feria de Abril 2006)

+Marzo
08-03-2006. Sevilla por abril, capital del toreo
07-03-2006. Algarra, figura de los ganaderos

+Febrero
23-02-2006. Canales Rivera, diez años de gloria y fuego
20-02-2006. Cuatro colosos del toreo mundial
17-02-2006. La Tauromaquia de Conchita Cintrón
15-02-2006. Tauromaquias del mundo 2006


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2005

+Diciembre
13-12-2005. Manolete made in USA
06-12-2005. Ganaderos y ganaduros

+Octubre
29-10-2005. Sevilla coge el mando
27-10-2005. Temporada torista
26-10-2005. Resumen de la temporada en la Maestranza
24-10-2005. El relámpago que iluminó Almería
20-10-2005. Apuntes de Reglamento
07-10-2005. Don Álvaro, alquimista del Toreo

+Septiembre
06-09-2005. Navalón: una fiera acorralada

+Agosto
15-08-2005. Manolo Vázquez, maestro del toreo de frente

+Junio
08-06-2005. De San Isidro a la Beneficencia

+Mayo
22-05-2005. Hermoso de Mendoza: el no va más

+Marzo
14-03-2005. Sangre nueva
04-03-2005. Toreros cofrades

+Febrero
28-02-2005. La Dictadura del 7
24-02-2005. La Fiesta en peligro
17-02-2005. Muerte en el campo

+Enero
18-01-2005. Olivenza, el oráculo de los dioses
12-01-2005. La elegancia de Antonio Fuentes
01-01-2005. Los Choperitas coronaron Las Ventas


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2004

+Diciembre
27-12-2004. Belén taurino
23-12-2004. Nacionalismo taurino

+Noviembre
18-11-2004. Madrid a subasta
16-11-2004. La ruta de los toros de Marco Polo

+Julio
05-07-2004. Duelo entre los humildes (I Parte)

+Junio
25-06-2004. Cuando la muerte sale al encuentro

+Mayo
30-05-2004. Ya estamos ahí
30-05-2004. Los toreros de Vázquez Díaz y Villegas
03-05-2004. Maldita agua bendita

+Marzo
22-03-2004. La magia de los toros
15-03-2004. Azulejos taurinos de Sevilla
08-03-2004. Toreros de plata
01-03-2004. Toreros de bronce

+Febrero
24-02-2004. El reposo de los dioses
16-02-2004. La estética del toreo
06-02-2004. Siete espuelas de oro

+Enero
30-01-2004. Amanecer en el campo bravo


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2003

+Mayo
05-05-2003. Antonio Sánchez: un Oasis ganadero
05-05-2003. Antonio Sánchez: Un oasis ganadero

+Abril
30-04-2003. Marcos Rodríguez Arroyo y los Murubes de Albarrán
21-04-2003. Presentación del VI Pregón Taurino de Triana
20-04-2003. Presentación del VI Pregón taurino de Triana
15-04-2003. Manuel Escribano
08-04-2003. Manuel Escribano

+Marzo
20-03-2003. Salamanca y Sevilla: dos tierras ganaderas
15-03-2003. Pagesma II
10-03-2003. Toros para guiris en Sevilla

+Febrero
05-02-2003. Los toreros de Vázquez Díaz y Villegas


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2002

+Diciembre
05-12-2002. Dávila Miura, solo en la Cumbre

+Noviembre
29-11-2002. La Escuela de Tauromaquia de Sevilla
20-11-2002. El espíritu de Cossío volvió a Valladolid
19-11-2002. Toreros de bronce
10-11-2002. Los distintos estados del toro bravo en la plaza

+Octubre
18-10-2002. El Cartel Taurino
13-10-2002. Un final de temporada soporífero

+Septiembre
14-09-2002. Los toros y la Generación del 27
02-09-2002. Dos divisas de gloria: Guardiola Fantoni y Victorino Martín

+Agosto
30-08-2002. Las Damas del Toro: Ganaderas de Bravo (2ª Parte)
28-08-2002. Las Damas del Toro: Ganaderas de Bravo (1ª Parte)
25-08-2002. Hros. de D. José Escobar: Lujo y afición en la Isla mínima
23-08-2002. Los toros bravos y poderosos de Cuadri
22-08-2002. 'Los Centauros de la Puebla'. Últimos revolucionarios del toreo moderno
21-08-2002. 'Los Cebada' en la cúspide de la casta
20-08-2002. Fermín Bohórquez y los 'Murubes' de un caballero jerezano
20-08-2002. El toro de Osborne: la solera de un gran reserva
16-08-2002. El Marqués de Domecq o la aristocracia taurina
15-08-2002. El Marqués de Domecq o la aristocracia taurina
12-08-2002. Gabriel Rojas y los purasangre del Romeral
08-08-2002. Los Murubes, una esperanza romántica
06-08-2002. "EL MARQUÉS DE ALBASERRADA": UN CLÁSICO RENOVADO
04-08-2002. CONDE DE LA MAZA: EL SEÑOR DE “LOS ARENALES”

+Julio
30-07-2002. ISAIAS Y TULIO VÁZQUEZ, LA BRAVURA DE LOS PEDRAJAS (1ª y 2º Parte)
28-07-2002. PARTIDO DE RESINA ANTES PABLO ROMERO: PASADO, PRESENTE Y FUTURO BE LOS TOROS GUAPOS DE LA MARISMA
27-07-2002. LOS TOROS DE DON ALIPIO (2ª Parte)MARÍA LOURDES MARTÍN DE PÉREZ-TABERNERO
25-07-2002. NÚÑEZ DEL CUVILLO: SIN ESTAR EN LA "UNIÓN", FIGURA MÁXIMA DELOS GANADEROS
23-07-2002. ALIPIO PÉREZ-TABERNERO: EL SEÑOR DE UN APELLIDO GANADERO DE MÁS DE UN SIGLO. SALAMANCA LA GRANDE
16-07-2002. MARÍA LUISA DOMÍNGUEZ Y PÉREZ DE VARGAS: GANADERÍA MAESTRANTE, ORGULLO DEL CAMPO BRAVO ESPAÑOL
11-07-2002. MANOLO GONZÁLEZ: CREADOR DEL TORO PARA LAS MÁXIMAS FIGURAS
09-07-2002. DON ALVARO DOMECQ Y DIEZ: EL ÚLTIMO SEÑOR

+Junio
26-06-2002. MIURA: SIGLO Y MEDIO DE HISTORIA (1ª, 2º y 3º Parte)
23-06-2002. LUIS ALGARRA: LA SELECCIÓN DE LOS PARLADES
20-06-2002. EL TORO DE "PRIETO DE LA CAL"
19-06-2002. PRIETO DE LA CAL LA SOMBRA DEL DUQUE
14-06-2002. Piel de toro
11-06-2002. La magia de los toros
10-06-2002. Con el toro bravo no hay quien pueda

+Mayo
21-05-2002. Juan Romero. un mundo taurino fantástico
13-05-2002. La opinión pública en los toros
10-05-2002. El Derechazo
06-05-2002. El Natural
03-05-2002. De verde botella y oro

+Abril
30-04-2002. Hable con ella
28-04-2002. Las estatuas de sal
25-04-2002. El sainete taurino
22-04-2002. ¿Donde está la sangre brava?
20-04-2002. De los Sanfermines
16-04-2002. El Toreo del siglo XX (2ª Parte)
09-04-2002. El Juli: Aires nuevos
05-04-2002. José Tomás: El valor mas firme
05-04-2002. V Pregón Taurino de Triana, Sevilla
03-04-2002. Enrique Ponce. El conquistador
01-04-2002. Joselito un torero artístico y de sentimiento
01-04-2002. Tauromaquia

+Marzo
29-03-2002. César Rincón, el rey de las Ventas
27-03-2002. Paco Ojeda. El último revolucionario del toreo
25-03-2002. Espartaco, líder y espejo de un maestro
24-03-2002. Paquirri, el poderoso
22-03-2002. El Clasicismo de Manzanares
18-03-2002. Paco Camino, el niño sabio de camas
15-03-2002. Rafael de Paula: La música callada del toreo
13-03-2002. Curro Romero, la esencia
12-03-2002. Pagesma II. Otra opinión sobre los carteles de Sevilla. En abril: La Feria (I)
11-03-2002. La casta y la raza de un torero: Palomo Linares
10-03-2002. Toros para guiris en Sevilla
09-03-2002. Antoñete, maestro de maestros
07-03-2002. Su Majestad 'El Viti'
05-03-2002. Manuel Benítez 'El Cordobés', la fuerza y el honor del huracán Benítez
01-03-2002. Antonio Ordóñez y cierra España

+Febrero
27-02-2002. SIETE ESPUELAS DE ORO
25-02-2002. UNA FERIA DE ABRIL LOZANA
21-02-2002. RAFAEL ORTEGA, EL REY DE ESPADAS
20-02-2002. PEPE LUIS VÁZQUEZ, EL DIOS RUBIO DE SAN BERNANDO
19-02-2002. MANOLO GONZÁLEZ Y SUS LANCES MUDEJARES
15-02-2002. LUIS MIGUEL DOMINGUÍN: LA PERSONALIDAD DE UN NUMERO UNO
14-02-2002. TOROS EN LA ARGENTINA: SIGLO XVII
14-02-2002. MANOLETE, EL MONSTRUO DEL TOREO
12-02-2002. TOROS EN CHILE (II PARTE) : EL SIGLO XVIII
10-02-2002. LOS TRES PASES CAMBIADOS DE ANTONIO BIENVENIDA
07-02-2002. CHICUELO: LA GRACIA DE LA ESCUELA SEVILLANA
05-02-2002. EL PASMO DE TRIANA: LA REVOLUCIÓN DEL TOREO

+Enero
31-01-2002. Joselito El Gallo: El Rey de los toreros
30-01-2002. Rafael el Gallo el arte de la improvisación
28-01-2002. Fernando Villalón: Mito y Leyenda de un Ganadero y Poeta de reses bravas
25-01-2002. Retratos de Juan Belmonte
23-01-2002. Los toros de Picasso
22-01-2002. Don Camilo "Nóbel" del toreo
21-01-2002. Joselito: La gloria del toreo (1ª Parte)
17-01-2002. Tras los sueños de Villalón
17-01-2002. Joselito: La gloria del toreo (2ª Parte)
16-01-2002. El Aficionado a los Toros
14-01-2002. Vivir del cuento
13-01-2002. Un Festival Taurino
11-01-2002. Arte de Raza
09-01-2002. Los Aficionados
08-01-2002. La Aristocracia. Los Toros y El Arte
06-01-2002. Azulejos taurinos de Sevilla
05-01-2002. Torear y lidiar
03-01-2002. El pasodoble taurino


ARCHIVO DE ARTÍCULOS DE LA TEMPORADA 2001

+Diciembre
19-12-2001. La radio y los toros
14-12-2001. El toro de lidia
11-12-2001. LA V FERIA MUNDIAL DEL TORO: HOMENAJE A VILLALON
07-12-2001. Pan y toros
05-12-2001. Historias de Mayorales

+Noviembre
30-11-2001. Don Tancredo y el espontáneo
28-11-2001. El Cossío e Internet
27-11-2001. Competencias
23-11-2001. Las concesiones de orejas
22-11-2001. El Cossío de tío Jose María
21-11-2001. Grandes Faenas del siglo XX
20-11-2001. Maestro
19-11-2001. Paisajes taurinos de Lope Tablada Martín
08-11-2001. Portugal, tierra natal del rejoneo a caballo
05-11-2001. El rejoneo en el resto de España
02-11-2001. El rejoneo en Castilla

+Octubre
31-10-2001. EL REJONEO DE ANDALUCÍA (II)
29-10-2001. EL REJONEO EN ANDALUCÍA (I)CAÑERO, DOMECQ Y PERALTA. MAESTROS DEL REJONEO ANDALUZ
24-10-2001. EL FÚTBOL Y LOS TOROS
10-10-2001. LOS TOROS (1ª, 2ª Y 3ª parte)
08-10-2001. FIESTAS GANADERAS ANDALUZAS
05-10-2001. LA TAUROMAQUIA DE PEPE-HÍLLO
01-10-2001. El arte de torear de Montes

+Septiembre
28-09-2001. Corridas de feria
25-09-2001. Despedidas
21-09-2001. Va por ti, Nueva York
18-09-2001. Los toros y el flamenco
12-09-2001. La poesía y los toros
10-09-2001. La mujer y los toros
07-09-2001. La prensa del corazón: famosos y populares
03-09-2001. La estética del toreo

+Agosto
31-08-2001. Juncal
29-08-2001. La plástica del toreo
27-08-2001. El acoso en la historia
24-08-2001. La trashumancia: Antigua tradición ganadera
22-08-2001. El estoque de madera
17-08-2001. Santos y Toros
16-08-2001. El Vestido de Torear, síntesis de la evolución del traje de luces
15-08-2001. Los Toros, Tema Universal
14-08-2001. Los Bastidores del Toreo
09-08-2001. Toreo de Cámara
06-08-2001. Historia de una Taberna
01-08-2001. Partido de Resina frente a la transición y el futuro (4ª Parte)

+Julio
30-07-2001. Rafael y Don Juan
27-07-2001. "Carta a un taurino"
25-07-2001. La torería
23-07-2001. El "autoafeitado" de los toros
16-07-2001. El afeitado de los toros
13-07-2001. Matadores y goleadores
10-07-2001. La fe en los toros
09-07-2001. Búfalo
05-07-2001. El cargar la suerte

+Junio
29-06-2001. Los silencios de la Maestranza
26-06-2001. Sevilla con la Maestranza
22-06-2001. Don Diodoro
19-06-2001. Los Vázquez
15-06-2001. El cine y los toros
13-06-2001. La pasión taurina en nuestro tiempo
08-06-2001. Los ganaderos sevillanos
04-06-2001. El sentido de San Bernardo
01-06-2001. Doña María "La Brava"

+Mayo
28-05-2001. La Triana Profunda
23-05-2001. La Picaresca Taurina
21-05-2001. Sueños y Promesas
18-05-2001. La Medida en los Toros
16-05-2001. El Olvido de los Dioses
14-05-2001. Un Toro de Bandera
11-05-2001. Médicos en las Plazas
09-05-2001. Tramoyistas, toros y caballos
07-05-2001. Sol y Sombra
05-05-2001. Los Toreros Artistas
03-05-2001. Trampas y Trucos

+Abril
27-04-2001. Los Espontáneos
25-04-2001. La Afición
23-04-2001. Vergüenza Torera
20-04-2001. José Tomás: La Tauromaquia Perfecta
16-04-2001. El Pregón de un Gran Profesor
11-04-2001. Toros en el Amazonas (V)
06-04-2001. El Cine de Orson Welles

+Marzo
30-03-2001. Hemingwav y Los Toros
23-03-2001. El Arte Taurino
21-03-2001. El reposo de los dioses
19-03-2001. La Europa Taurina (1ª Parte)
19-03-2001. Sevilla: los mejores carteles del Siglo
16-03-2001. Toreros cofrades
12-03-2001. Toros en los Andes (4ª Parte)
09-03-2001. Toros en el Orinoco (3ª Parte)
07-03-2001. Haciendo las Américas (2ª Parte)
02-03-2001. El último Caballero

+Febrero
28-02-2001. Viaje a las Amércicas (1ª Parte)
26-02-2001. Toros y caballos junto al Acueducto
23-02-2001. Sevilla con Manolo González
07-02-2001. El Final de la Cruzada
06-02-2001. La Mirada Salvaje
05-02-2001. La IV Feria Mundial del Toro

+Enero
30-01-2001. AMANECER EN EL CAMPO BRAVO
26-01-2001. San Isidro y el Tendido del 7
23-01-2001. El Toreo: Arte o Milagro
22-01-2001. "La Fiesta Nacional”
19-01-2001. iQue empiece la función!
18-01-2001. Portales Taurinos en Internet
16-01-2001. Julio Robles torero hasta la muerte
15-01-2001. El Toro Bravo y las Vacas Locas
12-01-2001. TOROS EN CHILE: LOS COMIENZOS (I)
11-01-2001. Paseo por Santander sin José María
10-01-2001. El Toro de Lidia del 2001
08-01-2001. La Historia de una Pasión
05-01-2001. José y Julián
04-01-2001. El Planeta de los Toros ante el Siglo XXI