Artículos de Domingo Delgado
de la Cámara

ARGUMENTARIO TAURINO

22-02-2016
En los debates entre taurinos y antitaurinos, siempre pierden los taurinos, y los antitaurinos ganan por la mano. El enemigo es muy eficaz a la hora de utilizar la sensiblería y la demagogia. Mientras tanto, los argumentos de los taurinos son débiles y fácilmente rebatibles. Los argumentos de que los toros son cultura, de que son una gran fuente de riqueza y que además, preservan las dehesas ibéricas, no son suficientes. Y no son suficientes porque no entran en la entraña del asunto. En realidad son argumentos subsidiarios. Pueden ser usados como complemento de los argumentos de fondo, pero no como argumentos principales.
Aporto a los taurinos argumentos irrebatibles por los antitaurinos. Mejor dicho, aporto las contestaciones adecuadas que se deben dar ante las falsedades más habitualmente utilizadas por los antitaurinos. Con estos contraargumentos se podrá dar la vuelta a los debates por mucho que nos quiten la palabra o el “moderador” trate de manipular la discusión. Estos son:

1.- “El toro sufre”.
El toro no sufre por la sencilla razón de que el sufrimiento, como el gozo, son atributos exclusivamente humanos. El toro no tiene capacidad de abstracción. Esto es, no puede relacionar unos pensamientos con otros, no puede establecer analogías entre experiencias ya vividas y la experiencia actual. No puede relacionar lo que ha aprendido con lo que le han contado. Desconoce por completo la noción de futuro. No puede sacar conclusiones ni elaborar un plan de actuación. No puede dedicarse a la introspección, reflexionando sobre qué le está pasando. El toro no piensa, solamente obedece a reacciones instintivas e irreflexivas.
Y su instinto le lleva al combate. Hay que tener en cuenta que un ruedo mide sesenta metros de diámetro, es un lugar muy grande donde siempre hay escapatoria. Un ciervo, por ejemplo, se marcharía a la zona del ruedo donde no hubiese nadie. Y cuando fueran hacia él, se volvería a marchar al otro extremo del ruedo, y la lidia sería imposible. Sin embargo, el toro acepta la lucha, porque así se lo impone su instinto. Sin ninguna reflexión, y por tanto, sin ningún sufrimiento.
Por otro lado, el hombre es el único ser vivo que es consciente de su propia muerte. El hombre sabe que un día se va a morir o le van a matar. Y esto le genera un enorme sufrimiento y una enorme angustia en las situaciones de peligro. Los animales no saben que van a morir, ni reflexionan sobre su propia muerte, por lo tanto es imposible que sientan esa angustia. No es el dolor en sí lo que aterra, lo que aterra son las posibles consecuencias de ese dolor, consecuencias ignoradas por un animal irracional.
Hace ya muchos años, en una calle de un pueblo de Salamanca, vi matar a dos cochinos. Primero mataron a uno, y después al otro. Mientras estaban matando al primero, el otro cochino hozaba tan tranquilo, sin mostrar la menor compasión por la muerte de su compañero, ni la menor inquietud por su propio destino. Si fuera un ser racional, al ver tan de cerca la muerte de su congénere, hubiera pensado que el siguiente era él y hubiera huido despavorido. No hizo tal, estaba tan tranquilo porque conceptos como congénere, futuro o muerte son totalmente ignorados por un cerdo. El siguiente fue él, naturalmente.
Por tanto, lo que hacen los antitaurinos es trasladar al toro sus propios miedos y angustias. Dotando al animal de unos pensamientos y sentimientos que no tiene. Esto se llama antropomorfizar al animal. Pero es evidente que se trata de un error de percepción del antitaurino y no de una realidad. Si los toros, pensaran y sintieran como los hombres, hablarían. El lenguaje es el vehículo del pensamiento, y los toros no hablan porque no piensan.

2.- “Al toro le torturan”.
Para que exista tortura tiene que haber indefensión en una de las partes y una total impunidad en la otra parte. Y esta situación no tiene lugar en la corrida. En la tortura, el torturado ha sido previamente atado e inmovilizado, en la corrida el toro sale sin ataduras a un ruedo de sesenta metros. En la tortura, el verdugo actúa con una seguridad física total, estando a salvo de cualquier riesgo. En la corrida el torero se juega la vida, asumiendo un riesgo muy alto. Por todo lo dicho, ni el torero es un verdugo, ni el toro una víctima propiciatoria. Llegados a este punto, a esos antitaurinos que dicen que el toro es un ser pacífico sin peligro ninguno, hay que invitarles públicamente a que se pongan delante de un toro adulto, para que puedan acariciarlo. En ese momento, quedará clara su incoherencia porque no aceptarán el reto. Y el que no es capaz de ratificar con hechos sus palabras, queda automáticamente descalificado.

3.- “La tauromaquia es inmoral”.
En estos debates los antitaurinos se suelen erigir en guardianes de la moral. Son ellos los que detentan el monopolio de la moral, mientras que el bando taurino acepta implícitamente su inmoralidad, disculpándose constantemente por sus aficiones.
Vayamos al fondo del asunto ¿es moral que el hombre utilice a los animales? ¿Es moral que el hombre mate animales? Ambas cosas son absolutamente morales. El progreso de la civilización humana se debe en gran parte a la utilización y la muerte de los animales. Por ejemplo, hasta la invención del motor de explosión, el hombre viajaba en caballo o en carros tirados por caballos. In illo tempore, el caballo vivía libremente en las praderas, si el hombre no le hubiera capturado, esclavizado y sojuzgado, el progreso humano hubiera sido imposible.
La agricultura y la ganadería, sólo fueron posibles después de exterminar a grandes herbívoros que arrasaban las cosechas y después de exterminar, también, a los grandes carnívoros que diezmaban el ganado doméstico. En los lugares del mundo donde no se llevaron a cabo estos exterminios, continúan viviendo en la prehistoria. La civilización humana se ha erigido sobre millones de cadáveres de animales, incluyendo el mundo anglosajón, aparentemente tan piadoso con los irracionales.
Ahora mismo la civilización destruye animales de modo voraz. Millones de animales de granja son inmolados diariamente en los mataderos para abastecer nuestros frigoríficos. Gracias a las campañas de desratización, las ratas no nos invaden. En este contexto, es de una enorme hipocresía tachar de inmorales a las corridas de toros.
Entonces el antitaurino contraataca:
- Sí, pero la muerte del toro es innecesaria.

Ahora, y no antes, es cuando hay que lanzar el argumento económico. La muerte de un toro es mucho más necesaria que la de cualquier animal de abasto, ya que es esencial para los beneficios en la hostelería de un lugar, por ejemplo, como Pamplona, que vive medio año de las ganancias que genera la semana de San Fermín. También se puede decir ahora, que la muerte del toro es muy necesaria para el medio rural, desde la fábrica de piensos al transportista, pasando por el veterinario. Conclusión, la muerte del toro es moral y necesaria porque contribuye al bienestar humano.

4.- “Los derechos de los animales”.
Es un disparate metafísico atribuir derechos a los animales. Los animales no pueden tener derechos como tampoco pueden tener obligaciones. En el momento en que los animales tuvieran derechos y obligaciones, deberían cumplir las leyes. Y se daría el absurdo de procesar penalmente a una zorra porque irrumpió en un gallinero y mató varias gallinas. Todo esto es de una estupidez conmovedora.
Por otro lado habría que otorgar los mismos derechos a todos los animales por apetitosos, peligrosos o asquerosos que nos resulten. Porque en el movimiento animalista incurren constantemente en una contradicción. En realidad diferencian entre dos clases de animales:
a) Animales VIP, que son los animales de compañía, los grandes mamíferos africanos, las ballenas, los lobos, la fauna salvaje, los animales de los circos, los de experimentación, los toros… Todos estos animales parece que deben ser objeto de la mayor de las protecciones.
b) Animales infames de segunda división, que son las ratas, las cucarachas, los animales de granja, los virus, las bacterias… que pueden ser exterminados sin la menor contemplación.
He aquí la incongruencia, si hay que hablar de derechos de los animales, habría que hacerlo sin discriminaciones de ninguna clase para todas las especies animales. Y en el momento en que se otorgara derechos a todos los animales y no pudieran matarse, las ratas nos invadirían. Por supuesto, cuando un animalista se ponga malo, que haga el favor de no medicarse, porque esto supone asesinar a miles de virus y bacterias que también tienen derecho a vivir…
Cuando se habla de todo esto, siempre se comenta la “mala suerte” del toro. Parece ser un animal perseguido por la desgracia, con una muerte mucho peor que la del resto de los animales. Evidentemente, esto no es cierto. La gran mayoría de los animales tienen una muerte dramática. La leona cuando ya no puede cazar, es abandonada por la manada y se muere de hambre. La cebra es devorada por los leones mientras todavía está viva. Los animales de abasto mueren tristemente en los mataderos, que no son esos balnearios que nos pintan. Son lugares ideados para matar mucho y en poco tiempo. Es triste ver al pacífico corderillo cuando le cortan la yugular y su vida se va en ese torrente de sangre. Los caballos cuando ya son viejos, también terminan en el matadero para ser comida para perros. Precisamente es a los animales de compañía a los que se libera de muertes tan infames, a cambio de una esclavitud de por vida, eso sí… La naturaleza es así de cruel, unos animales mueren para alimentar a otros. Y el hombre, simplemente, ocupa su lugar natural de superpredador, nada más.

5.- “La Tauromaquia, espectáculo poco edificante”.
Cuando al antitaurino ya se le han rebatido sus manidos argumentos del sufrimiento, la tortura y los derechos de los animales, siempre contraataca con esta afirmación:
- Pero las corridas hay que prohibirlas porque es impresentable un espectáculo de sangre y muerte. Además, hiere la sensibilidad de los niños y de la gente decente.
Aquí ya entramos directamente en el terreno de la hipocresía. Mucha gente acepta tranquilamente la estabulación y la muerte de miles de animales para comer alegremente chuletas y solomillos, pero se escandaliza con la Tauromaquia…
- Es que un espectáculo así es inmoral, dicen.
En otras palabras, lo que les escandaliza no es la muerte en sí del animal, sino la muerte PÚBLICA del toro en la plaza. Esto es hipocresía. Mientras al animal se le mate en mataderos anónimos y sin público, todo marcha bien, pero cuando al toro se le mata públicamente nos escandalizamos y nos echamos las manos a la cabeza. Esto es hipocresía, repito.
El problema en sí es la muerte del animal, no que haya público. Si usted comprende y acepta la muerte de los animales, pero se opone a la corrida de toros, usted es un hipócrita. He aquí la hipocresía típicamente protestante y anglosajona.
Pero sigamos hablando despacio del asunto, porque aquí y no en otro lugar se encuentra el auténtico nudo gordiano del antitaurinismo actual. Todo el mundo sabe que es necesario matar animales, lo que repugna a mucha gente es encender la televisión y encontrarse con un festejo taurino. Toda la argumentación animalista no es más que el intento de buscar una justificación presentable para poder prohibir un espectáculo que les repugna. Como no pueden decir que lo quieren prohibir porque les repugna, aunque esa prohibición conlleve la desaparición del toro de lidia, nos salen con la monserga de la tortura y los derechos de los animales. Por supuesto el nacionalismo antiespañol (catalanista, vasquista o indigenista) que carga contra la Tauromaquia, actúa con el mayor de los cinismos. Aunque los invoquen, a esta gente, les da igual los supuestos derechos de los animales, lo que quieren es acabar con el símbolo por excelencia de lo español. La izquierda radical también juega a lo mismo, a borrar todo lo que huela a España y tradición.
Volvamos al asunto central del discurso, a mucha gente les provoca una enorme angustia ver una corrida. Como ya hemos dicho, trasladan sus sentimientos al toro y luego quieren que se prohíba. Cuando se les recuerda que los animales mueren de mil y una formas a cada cual más lamentable, entonces se sacan de la manga lo de la inmoralidad del espectáculo público de sangre y muerte.
Este es el quid de la cuestión la sangre y la muerte. Mucha gente no quiere ver la sangre ni la muerte. Muchos están de acuerdo con las mayores salvajadas, por ejemplo el aborto, siempre que se haga de modo anónimo y sin testigos. Lo que le repugna es tener que ver la muerte de un toro en la plaza. Para mucha gente es muy duro asumir que un día se van a morir, y que además, existe la posibilidad de una muerte violenta o llena de sufrimiento. Por eso no quieren ver nada que les recuerde tan tremenda realidad y por eso no pueden ver una corrida de toros, y por eso, claman por su prohibición. En la corrida de toros se cuenta la vieja historia de la muerte y eso es lo que no pueden soportar. Pero por mucho que quieran ocultarlo, esa inquietante realidad siempre estará al acecho.
Toda la sociedad actual se esfuerza por ignorar la sangre, la decrepitud, la muerte… Pero existen. Por eso la corrida de toros les indigna tanto, porque muestra sin tapujos una realidad que ellos quieren ignorar. Pero hay otras personas que gustan de las corridas de toros, porque ven en ella valores estéticos, intelectuales, morales y culturales.
Los que no gustan de la Tauromaquia, que no vayan a los toros. Y si televisan una corrida, que cambien de canal o apaguen la televisión. Pero lo que no pueden hacer es imponer su criterio a la gente que le gusta, prohibiéndoles su afición. Esto se llama totalitarismo. Ya hablaremos largo y tendido sobre esto. Lo dicho, al que no le guste que no vaya. Y punto.

6.- “A los toros ya no va nadie”.
Y como no va nadie, los prohibimos. Por esa regla de tres, habría que prohibir en primer lugar todas las manifestaciones antitaurinas, porque asisten cuatro gatos. En la peor novillada de la peor plaza, siempre hay más gente que en una manifestación antitaurina.
Las corridas de toros están metidas en la misma dinámica que los otros espectáculos. La gente va o no va en función del interés que suscita el festejo. La gente va a ver el Madrid-Barça, pero un partido de tercera división se celebra a campo vacío. De la misma forma, la gente abarrota a la plaza para ver a José Tomás y no asiste a una novillada sin caballos.
Cuando el campo del Getafe está vacío a nadie se le ocurre decir que no hay afición al fútbol y resulta que está vacío domingo tras domingo. Claro que hay afición al fútbol, pero el Getafe no interesa a la afición. Pues en la misma dinámica se mueve la Fiesta de los Toros, cuando el festejo es bueno, la plaza se llena. Y cuando es mediocre, vamos los aburridos de siempre. Las circunstancias económicas también influyen en la asistencia de la gente a los espectáculos.
Siguiendo el razonamiento de los antitaurinos, lo que habría que prohibir es el cine español, porque a pesar de las espectaculares subvenciones que recibe, no va a verlo nadie, nunca jamás…
Existe mucha más afición a los toros de la que parece, la prueba de ello es que los toros sobreviven sin las subvenciones de las que gozan los demás espectáculos y soportando una altísima presión fiscal, incluso en los festejos de noveles. La Tauromaquia es una excelente fuente de ingresos para las arcas públicas. Aquí los subvencionados son los antitaurinos que reciben montañas de dinero del extranjero y de las distintas administraciones públicas españolas. Hasta el Ministerio de Agricultura les subvenciona generosamente.
Por cierto, la mayoría de los deportes y los eventos culturales sobreviven únicamente gracias a las subvenciones públicas. Y nadie protesta por este derroche. Derroche que me parece vergonzoso porque yo pago impuestos para que los hospitales y los colegios funcionen, no para que vivan de lujo deportistas y titiriteros. Además, el mundo del espectáculo se debe autofinanciar, el dinero público está para las pensiones y para el paro, no para que los artistas progres vivan sin trabajar. La cultura debe ir de abajo a arriba y no de arriba a abajo. Cultura es lo que espontáneamente gusta a la gente, no lo impuesto desde arriba por la tiranía de lo políticamente correcto. El Estado no debería financiar nada de esto.
Pero aunque los toros fueran una fiesta muy minoritaria, esa no es razón para prohibirla. Todo el mundo tiene derecho a disfrutar con lo que le apetezca, siempre que no moleste al vecino de enfrente, por solitaria, extraña o incomprensible que resulta su afición.

7.- “En nombre de la Democracia, prohibamos los toros”.
Siempre escuchamos a los antitaurinos la misma cantinela. A la mayoría de los españoles no les gustan las corridas de toros y hay que prohibirlas. Seguidamente, muestran una serie de encuestas encargadas por ellos y debidamente falseadas por ellos.
Vamos a ver, en este tema en realidad las dos Españas son tres. Hay un sector de la población aficionado a los toros, otro sector claramente abolicionista y un tercer sector de población que no gusta de las corridas pero tampoco quiere que las prohíban. De modo torticero e interesado, los antitaurinos equiparan la no afición a los toros con el abolicionismo y esto supone viciar el debate. Ya lo he dicho, mucha gente que no le gustan los toros, tampoco quieren que se prohíban. Son gente liberal que entiende que este es un asunto de gustos personales y no de prohibiciones e imposiciones. La mayoría de los españoles no quieren que se prohíban las corridas de toros, por mucho que la minoría antitaurina sea omnipresente en unos medios de comunicación comprados por ellos. Es evidente que se trata de un debate impulsado por el animalismo y su dinero, no existe una demanda social al respecto. A la gente de la calle le preocupan otras cosas y ataja la conversación diciendo:
- Que vaya a los toros quien quiera y no vaya quien no quiera. Y punto.
Tal y como ahora es.
En este momento es preciso aclarar ciertos conceptos constantemente confundidos y tergiversados. Al parecer, según los señores antitaurinos, la democracia es la imposición del criterio de una (supuesta) mayoría a una minoría. Esto no es democracia. Esto es la dictadura de la mayoría (supuesta), esto es totalitarismo.
La auténtica democracia se basa en el pluralismo y en el respeto exquisito de los derechos individuales del ciudadano. Los derechos individuales del ciudadano son sacrosantos e intocables y en ellos no se puede meter nadie. No pueden ser arrollados por una mayoría (supuesta). Cuando los derechos individuales son atacados y suprimidos, la democracia y el estado de derecho se terminan, por mucho que un parlamento elegido en unas elecciones lo decida. Y esto es así, porque se ataca la libertad del ciudadano, derecho fundamental e informador de nuestro ordenamiento jurídico.
La prohibición de las corridas de toros, supone un ataque claro a los Derechos Fundamentales, formulados en el Título I de la Constitución de 1978, hoy vigente.
La prohibición de los toros supone un ataque directo a la libertad del ciudadano, a la libre expresión del ciudadano y al principio de igualdad, ya que se está discriminando a unos ciudadanos con respecto a otros. Es decir, la voluntad de la mayoría (supuesta) tiene el límite de los Derechos fundamentales del ciudadano individual.
Lo único que debe estar prohibido en una Democracia es aquello que perjudica a otros ciudadanos. Y aquí los antitaurinos intentan convertir a los animales en ciudadanos, lo que es un completo disparate, como ya hemos visto. La Tauromaquia es una actividad lícita y que no perjudica a nadie en particular ni a la sociedad en general. Por tanto, prohibirla supone un auténtico ejercicio dictatorial y totalitario. Lo que pasa es que los amigos de lo políticamente correcto y del experimentalismo social, a pesar de ciertas apariencias engañosas, son cualquier cosa menos demócratas. Y quieren imponer al conjunto de la sociedad sus gustos y creencias.
Y que no me digan aquello de que en el mundo civilizado los toros están prohibidos. El mundo anglosajón tiene un montón de resabios totalitarios, antidemocráticos e intolerantes. Su progreso económico no quiere decir que los anglosajones sean perfectos. Son sociedades muy puritanas, donde la gente se encuentra muy vigilada y fiscalizada, por eso se vienen a los sanfermines y a Benidorm a ejercer su libertad sin tener que dar cuentas a nadie. Ese ambiente de tolerancia es uno de los tesoros de España, y no debemos consentir que los progres acaben con él. En todo este asunto también juega un papel muy principal el complejo de inferioridad de los políticos y los periodistas incultos ante Europa. Por cierto, si hubiera toros por ejemplo, en los Estados Unidos, la Tauromaquia estaría bendecida y no tendría lugar este debate. Tal es nuestro complejo de inferioridad. Además, en la inmensa mayoría de los países la Tauromaquia no está prohibida, no existe, porque pertenecen a otro ámbito cultural, nada más.
Resumiendo, la prohibición de la Tauromaquia supone un ataque directo a la libertad del ciudadano, principio informador de todo nuestro Ordenamiento Jurídico y elemento esencial de cualquier democracia y cualquier estado de derecho como es debido. El antitaurinismo es antidemocrático por definición. Si usted no gusta de las corridas de toros, no vaya a verlas. Pero usted no es nadie para prohibírselas a quienes le gustan.
Ya termino. Creo que estos son las ideas decisivas para echar por tierra la argumentación antitaurina. Esto no quiere decir que una vez expuestas estas ideas, los antitaurinos nos vayan a dar la razón. No nos la darán, se saldrán por la tangente llamándonos fascistas, trogloditas y lindezas por el estilo. Intentarán la descalificación personal. No importa, lo importante es hacer reflexionar al testigo del debate, que muchas veces no tiene las cosas claras por falta de una adecuada reflexión. Estas ideas sí le van a hacer reflexionar. Lo que hay que conseguir es que la gente piense por sí misma y no se deje manipular. El objetivo es hacer razonar a los indiferentes sobrepasando la sensiblería del animalismo. Mientras los antitaurinos encogen los estómagos, nosotros debemos agitar los cerebros. Porque la razón está de nuestra parte.

Domingo Delgado de la Cámara.


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